Archivos según la categoría: Creación

Este nombre es la casa para los poemas, las narraciones y los ecos subjetivos que nacen en momentos más o menos gratos en cuanto al estudio y la inspiración.

El olor a incienso

El sol aún calentaba las calles polvorientas. Paulatinamente, Mercedes subía la larga cuesta que culminaba en la Plaza Mayor. Casi al final tuvo que apretar el paso, pues sonaban ya las campanas que avisaban del inicio de la misa. Se cruzó con unos señores que charlaban sobre la recogida de uva del año anterior; les saludó. Los hombres la miraron de soslayo; uno de ellos se sacó el palillo de la boca para balbucear unas palabras apenas perceptibles.
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La mariposa en su atalaya

Los paseos por el campo propician la contemplación del entorno con paciencia y sin prisas. El tiempo se dilata. Únicamente se escuchan los sonidos del viento, de los animales, de los pasos y de las conversaciones (o confesiones).

Mariposa sobre cardo

Una mariposa descansa sobre un cardo (alrededores de Urueñas, Segovia).

Caminamos siguiendo los senderos creados por los pastores, sobre pasto seco, rendido. A un lado y a otro de nuestra fila desordenada de pies, se levantan las malqueridas, las malas hierbas. De repente, la cima de un cardo, que presume de la sencillez de su flor, es coronada por una mariposa. ¿Nos está escuchando? Quieta, la mariposa en su atalaya disimula, pero sus ojos, que observan a ratos nuestros cuerpos gigantes, la delatan.

Una fotografía, una historia.

NOTA DE LA AUTORA:

– La fotografía fue tomada en Urueñas (Segovia), el 29 de junio de 2013, con una Canon EOS 1100 D.

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La música: mi liberación

Me resulta difícil decantarme por un tipo u otro de lecturas, ya que encuentro interesantes los contenidos de diferente índole. Sin embargo, últimamente tiendo a buscar aquellos libros en el que la música juega un papel relevante.

La música posee un gran poder de sugestión. Las notas unen el presente con el pasado de una forma tan directa como los olores. Proyectan en el cerebro imágenes de una viveza que, en ocasiones, me asustan. Este encanto lo empleo en la escritura. Continuar leyendo

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El asombroso caso de Juan

A veces los poderes de los niños se subestiman. Por ejemplo, de sobra es conocido el caso de la niña que era capaz de transformar su habitación en un castillo repleto de dulces. ¿Y qué me dicen de aquel niño que con sus dibujos creó una puerta mágica en el salón que le servía para viajar hasta las Antípodas? Son casos realmente sorprendentes, pero a los que nos hemos habituado con el paso del tiempo. Yo llevo años investigando la adquisición de estos dones por parte de los infantes y, en estos momentos, estudio un caso muy especial.

Juan es un niño de apenas ocho meses. Aparentemente no se diferencia de los bebés de su edad. Esta sensación me produjo la primera vez que lo examiné: sus padres lo habían llevado a mi consulta porque les había llegado a sus oídos que yo estudiaba las peculiaridades de los niños. Lo estuve examinando durante una media hora y nada me llamó la atención, así que informé a los padres de que su hijo, sintiéndolo mucho, carecía de cualquier característica sobresaliente más allá de las propias de cualquier ser humano sano. De este modo, salieron de mi consulta algo contrariados. Yo estuve anotando unos datos en el ordenador y salí a llamar a otro paciente. Justo en ese momento, la enfermera Paula gritó mi nombre, por lo que me dirigí apresuradamente al recibidor de la consulta: ahí estaba Juan, presionando su nariz y su orejita derecha; con el contacto de sus dedos en esas partes del cuerpo conseguía emitir un sonido parecido al de una armónica. Evidentemente, mi perplejidad fue absoluta y más aún cuando, en un instante, adoptó un semblante de tal normalidad que los rostros asombrados de los adultos resultaron una mueca cómica y absurda.

Tras ese día, Juan viene a mi consulta una vez cada quince días para examinar sus progresos. Como el niño se cansó de tocar sonidos con su cuerpo, sus padres le regalaron un pequeño piano, con el cual deleita a su familia interpretando a Chopin y varias piezas de Mozart. También ha desarrollado otras habilidades, aunque estas más difíciles de comprobar: por ejemplo, las personas que comparten bastante tiempo con él aseguran que ahuyenta los fantasmas del pasado y pacifica las almas atormentadas por una conciencia punzante; en otros casos, logra renacer la infancia de aquellos que apenas gozaron de ella.

Ustedes podrán discutir lo evidente; no voy a culparles de su escepticismo. Sin embargo, yo puedo asegurarles, como investigadora galardona en varias ocasiones, que Juan es mi caso más notable y que sus generosas cualidades han permitido que la Ciencia se detenga a examinar los poderes connaturales de estos pequeños. Ahora tan sólo queda dilucidar por qué, alcanzada cierta edad, esas facultades desaparecen o se ocultan al resto de la sociedad.

NOTAS DE LA AUTORA:
– Este cuento apareció publicado por primera vez en Mis Letras. Hace una semana, con motivo del cumpleaños de mi sobrino, fue publicado en el número 287 de Vecinos.


El asombroso caso de Juan –
(c) –
Olivia Vicente Sánchez

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