Archivos según la categoría: Teoría de la escritura

Aguijones relacionados con el acto de la escritura, a medio camino entre el ensayo y la intuición.

Hablo de leer porque estoy seca

Cuando tengo que elegir lecturas para los demás, dudo, le doy mil vueltas, sufro. Me resulta un problema de mil y una caras, un callejón sin salida. ¿Cómo aconsejar si existen cientos y miles de libros interesantes? Esto, además, se agrava en el momento de la propuesta para el curso escolar. ¿Leer faltando al derecho de la libertad? Yo, que he sido desde pequeña amante de la literatura, odio la obligación, puesto que me parece el ingrediente adecuado para fomentar la acción contraria.

Lo mismo me sucede con la escritura. He establecido un horario para escribir en mi rutina semanal y, lamentablemente, me lo estoy saltando. Encuentro instantes, pero me resguardo en la cotidianidad. De hecho, creo que me está asustando terminar la colección de relatos que inicié hace casi un año. Me preocupa el desenlace.

La idea de esa antología surgió un día en el que iba en el autobús camino de las clases de inglés. Leía La otra noche del oráculo de Paul Auster. Me sedujo que un personaje no fuera capaz de concluir su obra. Quizás sentí su debilidad, como ahora la mía. Es curioso que lo que me provocó la creación de varias historias, ahora, en cambio, me niegue un final.

Los mejores refugios para mí en estas circunstancias son mi trabajo y la lectura. Esta última la he vinculado desde comienzos del mes pasado a la mejora de los procesos de lectura y de escritura. Un paraíso, para escritoras ineficaces, que se alimenta a sí mismo. ¿O he de decir un infierno?

Si espero, a lo mejor, la noche me devuelve, bajo todas sus formas evanescentes, el sosiego para terminar.

 
Hablo de leer porque estoy seca –
(c) –
Olivia Vicente Sánchez

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Gramática de la libertad

[…] Entre una escuela muerta y una escuela viva, el rasgo distintivo más auténtico es precisamente este: la escuela para “consumidores” está muerta, y fingir que está viva no sirve para ahuyentar los olores de su putrefacción (que está a la vista de todos); una escuela viva y nueva puede ser solo una escuela para “creadores”. […]

La función creadora de la imaginación pertenece al hombre común, al científico, al técnico; es esencial tanto para los descubrimientos científicos como para el surgimiento de la obra de arte; es, en definitiva, condición necesaria de la vida cotidiana… […]

Gramática de la fantasía, Gianni Rodari

Portada del libro <em>Gramática de la fantasía</em>.

Portada del libro Gramática de la fantasía.

Hace tiempo que me planteo cómo hacer más dinámicas y útiles mis clases: dinámicas, porque, sin movimiento, sin cambio, no existe el aprendizaje; y, por otro lado, útiles, porque, si el estudiante no hace propio el conocimiento, el saber se convierte en memoria y esta, en muchas ocasiones, en olvido. Sin embargo, para mí, la utilidad no es, necesariamente, sinónimo de ganancia, de producto palpable, pero sí de creatividad. En este sentido, una persona será creativa cuando sea capaz de emplear las estrategias oportunas para resolver problemas, tareas o preguntas. No obstante, la imaginación, así como la libertad que otorga al individuo, nunca ha sido muy estimada por los sistemas establecidos.

Del mismo modo que la enseñanza debería plantearse desde los ojos de la infancia y de la adolescencia, considero que la escritura nace del requisito que nos hace seres humanos: el deseo de explorar y explorarnos en el mundo. La palabra nos libra de la esclavitud puesto que, a través de ella, elaboramos nuestros pensamientos, compartimos ideas, escuchamos a los demás y reinventamos la realidad. Ella es capaz de despertarnos imágenes, semejanzas, recuerdos, anhelos, conceptos. Encorsetar los parámetros de la palabra es, por tanto, encarcelar al individuo.

Esa lucha es la que pretendo vencer ahora, pues soy consciente de que he sido cómplice de un paradigma que siempre he aborrecido y en el que priman la inercia y la falsa seguridad que otorgan los modelos imitados por encima de la fantasía.

Yo manifiesto…

NOTAS DE LA AUTORA:
– Este pseudomanifiesto improvisado ha surgido de la lectura del precioso libro Gramática de la fantasía. Gianni Rodari hablá en él con un profundo cariño hacia su profesión y, sobre todo, hacia los niños, aquellos seres cuyos ojos se asombran ante las sorpresas de la vida.
– La fotografía pertenece a la portada del libro. Le he aplicado variaciones para formar la imagen final.


Manifiesto: Gramática de la libertad –
(c) –
Olivia Vicente Sánchez

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El pasado de unos personajes

La autora escribiendo el artículo.

Escribiendo el artículo.

Los pensamientos pueden llegar a ser demonios. Algunos de ellos nos acompañan durante tanto tiempo que forman parte espectral de la personalidad. Los respiramos, los comemos, pocas veces los digerimos.

Hoy me desperté pensando en las manos de mi abuela, aquellas que sobre la cama dejaba caer por el peso de la ancianidad. Sus manos, entonces y ahora, me recuerdan a las mías, aunque fueran totalmente diferentes. Cuando aún cosía, yo, una niña, me imaginaba que el hilo escribía historias en las telas. Quizás por este motivo crea que poseían ciertas similitudes.

Cuando compongo historias, siento que dibujo el pasado de unos personajes. Ideo un mundo a mi medida en el que existe la libertad que en esos instantes sueño. Trazo mis fantasmas y con ese hilo les proporciono ligereza, tal vez la misma con la que mi abuela pespunteaba sus demonios.

Escribir para mí no es una profesión, ni siquiera una vocación. Es una manera de estar en el mundo.
Ana María Matute

NOTAS DE LA AUTORA:
– La fotografía ha sido tomada y procesada el 2 de agosto de 2014.


El pasado de unos personajes –
(c) –
Olivia Vicente Sánchez

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El tejido de la narración oral

20090705_0461_ copiarecortadaLas palabras tejen las sendas que la longitud de la madeja les permite y encuentran en la voz la perfecta compañera para persuadir a nuestra imaginación de que su naturaleza primigenia reside en la fabulación de otros mundos. No solo en el origen fue el verbo sino que su médula permanece intacta en el cerebro. Quizás, precisamente por eso, la historia nos vincula con lo que somos realmente: palabra. Al menos, este es mi caso.

El pasado martes disfrutamos de los sueños que Pep Bruno trazó a través del tejido de la narración oral. Fueron sueños en los que los personajes no tomaban cuerpo, sino que existían en carne a través de la acústica de los vocablos. Entonces sentí, como en otras bellas ocasiones, que yo no era más que el cauce por el que discurría el torrente de los sucesos y que ellos, los personajes, me superaban en materia.

Ese es el desdoblamiento que amo y se alimenta: la palabra y el espectro. La palpectro. Pues ambos, desde su inicio hasta su fin, justifican su existencia en el nacimiento del otro, del ajeno, pero semejante. Y esa dualidad crece en mi interior con la necesidad aguda de proyectarse y de contenerse.

Mi teoría de la escritura encontraría su explicación si atrapara en mis historias la cara y la cruz de las que están hechos los sueños palpables, de tinta o de oralidad. Como dice Paul Auster:

Necesitamos desesperadamente que nos cuenten historias, tanto como el comer, porque nos ayudan a organizar la realidad e iluminan el caos de nuestras vidas.

NOTAS DE LA AUTORA:
– La fotografía fue tomada en Zamora el 5 de julio de 2009.


El tejido de la narración oral –
(c) –
Olivia Vicente Sánchez

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