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La lista de libros permitidos

Este verano estoy leyendo como hacía mucho tiempo. No solo es una cuestión de disponibilidad horaria, sino también de concentración, ya que en muchas ocasiones tengo la cabeza en mil sitios a la vez y en ninguno. De hecho, ahora mismo, estoy pensando en que debo escribir un reportaje y no sé cómo empezarlo. Tal vez por eso, he decidido centrarme en la lista de lecturas estivales.

  1. Dublinesca de Enrique Vila- Matas.
  2. Hokusai de Shotaro Ishinomori.
  3. El palacio de la luna de Paul Auster.
  4. Experimentos con la verdad de Paul Auster.
  5. El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas de Haruki Murakami.
  6. De qué hablo cuando hablo de correr de Haruki Murakami.
  7. El extranjero de Albert Camus.
  8. Fahrenheit 451 de Ray Bradbury.
  9. La pista de hielo de Roberto Bolaño.
  10. Haikus de Bashõ.
  11. Libro de los seres imaginarios de Jorge L. Borges.
  12. Moby Dick de Herman Melville.

Además de estos libros terminados, me encuentro a medio camino de una antología poética de Dylan Thomas, de El lector de cadáveres de Antonio Garrido y de Escucha esto de Alex Ross.

Escucha esto_web

Ciertamente, todas las lecturas me han parecido muy interesantes, pero, como ya saben las personas que suelen leerme, siento debilidad por Auster, Bolaño y Murakami. En bastantes ocasiones, leo libros que aparecen sugeridos en sus obras y encadeno una obra con otra en una hermosa espiral de sensaciones. Sin embargo, para no ser redundante, quiero destacar Farenheit 451 y El libro de los seres imaginarios, que son dos excelentes lecturas.

Fahrenheit 451 es un clásico de la literatura de ciencia ficción y sus predicciones se han hecho famosas por su acierto. El protagonista, Montag, se debate entre la curiosidad por los libros y los deberes de su profesión. Ray Bradbury en entrevistas manifestó su amor por las bibliotecas y por estos objetos en los que se almacena el saber, la expresión de los sentimientos, la manifestación de la libertad.

El libro de los seres imaginarios es una especie de diccionario en el que Borges recoge definiciones, textos, comentarios y ejemplos sobre entes como el golem, el dragón, el unicornio, el fénix… Resulta muy sugerente la selección de personajes ya que se establecen relaciones entre unos y otros, así como entre las literaturas de diferentes puntos geográficos de la Tierra. Es un material propicio para generar nuevas historias.

Antes de que concluya agosto espero aumentar esta lista, porque, para mí, no existe nada como leer y perderme con cada palabra, al ritmo de la mirada.

NOTAS DE LA AUTORA:
– La fotografía fue tomada el 19 de agosto de 2014 y pertenece a la portada de Escucha esto (Alex Ross), la cual he retocado.


La lista de libros permitidos –
(c) –
Olivia Vicente Sánchez

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Si fuera humano me gustaría ser como él

En ocasiones, al mirar a un animal me he visto a mí misma en sus posibles pensamientos; he imaginado que tal vez esté indagando sobre mí lo mismo que yo sobre él. Durante ese juego he creído averiguar el misterio de la naturaleza. Nietzsche encontró mejores palabras para describir esta sensación:

Creo que los animales ven en el hombre un ser igual a ellos que ha perdido de forma extraordinariamente peligrosa el sano intelecto animal, es decir, que ven en él al animal irracional, al animal que ríe, al animal que llora, al animal infeliz.

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Durante este curso académico he leído tres obras protagonizadas por animales. Curiosamente, no fue una elección consciente, sino producto de la casualidad. La primera de ellas fue La llamada de lo salvaje (Jack London), la segunda, Soy un gato (Natsume Soseki) y la tercera, Ánima (Wajdi Mouawad). Entre cada lectura ha habido una separación de meses, pero hoy he decidido hablar de las dos últimas debido a la elección del narrador. Frente a La llamada de lo salvaje, que emplea un narrador omnisciente en tercera persona, Soy un gato y Ánima utilizan el narrador primera persona.

Me acerqué a Soy un gato gracias a Kafka en la orilla, ya que Murakami mencionaba a Soseki a lo largo de su novela. Me entró curiosidad por leer algo de este novelista, puesto que no conocía nada de él. Un día, en la librería descubrí la edición de Impedimenta y no dudé en comprarme un ejemplar. El protagonista me atrapó desde las primeras líneas:

Soy un gato, aunque todavía no tengo nombre. No sé dónde nací. Lo primero que recuerdo es que estaba en un lugar umbrío y húmedo, donde me pasaba el día maullando sin parar. Fue en ese oscuro lugar donde por primera vez tuve ocasión de poner mis ojos sobre un espécimen de la raza humana.

Sentí su descubrimiento en mi piel y, desde ese instante, yo me convertí en el gato sin nombre: observaba a los humanos, les escuchaba, los admiraba, los sufría… Presenciaba su vida cotidiana en el Japón de finales de la dinastía Meiji, donde la armonía entre la tradición y la modernidad pendía de un frágil hilo. Yo, mejor dicho, el gato retrataba, a través de la sátira y de la ironía, la sociedad nipona, cuyo reflejo encarnaba la casa de un maestro:

Si fuera humano me gustaría ser como él, maestro de escuela. Uno puede dormirse cuando quiere y, aún así, siguen considerándote un buen maestro. Así que no le veo yo el problema a ser maestro y gato a la vez.

Por tanto, la utilización de un gato como narrador le permite al autor reírse de sí mismo y de los seres humanos en general, así como expresar sus opiniones sobre temas variados, algunos controvertidos en su época: la educación, la apertura del país al exterior, la importación de modas extranjeras, la amistad, las relaciones matrimoniales y el amor, las apariencias, etc.

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Ánima, en cambio, no es una obra satírica. Su inicio lo constituye el asesinato cruel que padece la esposa de Wahhch, el humano protagonista. Por tanto, podríamos clasificarla como novela policiaca, de suspense; pero, además, se mueve también dentro del western y de la tragedia griega, puesto que Wahhch realiza un viaje fatal por la geografía del norte americano.

La estructura de la obra es muy original: los animales son los testigos que relatan los hechos que presencian. De esta manera, su naturaleza dirige la interpretación del lector.

No todos los humanos son trampas, no todos son veneno, quiero decir con esto que no todos son humanos, algunos no han sido infectados por la gangrena.

No solo asistimos a las acciones llevadas a cabo por las personajes que se encuentran delante de los ojos de los animales, sino que también leemos los pensamientos de estos. Como consecuencia, el coro de narradores nos acerca, de manera inusitada, sorprendente y particular, a cómo perciben el mundo y cómo convivimos todos, como especies, en él.

Animal entre animales, aún no sufría. El humano es un túnel y todo humano llora su cielo desaparecido. Esto lo sabe el perro y por ello es infinito su afecto por el humano.

Sin embargo, esta novela esconde otros muchos atractivos: el debate social que sigue existiendo por la presencia de reservas indias en Canadá y en EEUU y la ausencia de una solución justa para esta población; la violencia, implícita y explícita, que emplea el individuo como manera de resolver conflictos, disfrutar, dominar, existir…; la necesidad de una búsqueda irracional, instintiva, que todas las personas hemos sentido en alguna ocasión, por el origen de enigmas que no se resolvieron en la infancia.

Soy un gato y Ánima representan dos formas diferentes de entregar la narración a la voz de un animal. Son una excelente propuesta para leer al calor de este julio, porque en estas novelas las personas somos el objeto de su visión.

NOTAS DE LA AUTORA:
– Las citas de Soy un gato y Ánima proceden de la edición de Impedimenta y de Destino, respectivamente.
– Las fotografías pertenecen a la portada de los libros: Soy un gatoÁnima. Las he retocado yo.


Si fuera humano me gustaría ser como él
(c)
Olivia Vicente Sánchez

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