• La Central de Callao

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    Las vacaciones siempre son positivas, pero lo que más me gusta de ellas es tener tiempo, sin reloj, para hacer todo aquello que me hace feliz. En la lista de quehaceres imprescindibles se halla pasear por librerías.

    El pasado martes, inicié el mes de julio en Madrid. Curiosamente, allí, en la Gran Vía, me encontré con dos antiguas alumnas. Nos miramos extrañadas las tres debido a la casualidad. Luego, continué mi camino por la calle, observando la selva variada de gente que conformábamos la avenida. Yo seguía las orientaciones que me dictaba el GPS, ya que, lamentablemente, soy capaz de perderme hasta dentro de un museo. Finalmente, tras girar en la esquina de una calle, me encontré con La Central, librería a la que una amiga me había aconsejado ir.

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    Desde la fachada me cautivó y, ya dentro, aún más, pues la entrada me recibió como lectora, con sugerencias y con el aroma de la cafetería de la planta baja. A la izquierda, una escalera me invitó a ascender por los diferentes pisos. Con cada peldaño superado, se mostraba el patio interior, en el que unas letras blancas, decorando las paredes, me recordaron mil historias que yo querría haber escrito y, a la vez, me introdujeron en las páginas de obras que abrí, fisgué, palpé. Literatura, Arte, Música, Historia, Pedagogía, Cine, Fotografía, Crítica… De nuevo, otro eterno retorno me contempló: ¡tantas líneas por leer y tan escaso el tiempo! La lamentación duró poco: era el momento de la elección. Me compré tres obras, una porque me llamó especialmente la atención: la biografía de Hokusai en cómic, realizada por Shotaro Ishinomori (EDT).

    La reconstrucción de un edificio, la organización de una librería y los pasos de una aspirante eterna a escritora se juntaron ese martes madrileño. Hoy ya no recuerdo cómo era el cielo, qué temperatura hizo o qué lugares me olvidé de visitar; sin embargo, en la estantería del despacho, otras historias forman ya parte de mi vida.

    NOTAS DE LA AUTORA:
    – Las fotografías son de la librería La Central y del interior de Hokusai, cómic de Ishinomori. Han sido realizadas en julio de 2014.


    La Central de Callao
    (c)
    Olivia Vicente Sánchez

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  • Si fuera humano me gustaría ser como él

    En ocasiones, al mirar a un animal me he visto a mí misma en sus posibles pensamientos; he imaginado que tal vez esté indagando sobre mí lo mismo que yo sobre él. Durante ese juego he creído averiguar el misterio de la naturaleza. Nietzsche encontró mejores palabras para describir esta sensación:

    Creo que los animales ven en el hombre un ser igual a ellos que ha perdido de forma extraordinariamente peligrosa el sano intelecto animal, es decir, que ven en él al animal irracional, al animal que ríe, al animal que llora, al animal infeliz.

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    Durante este curso académico he leído tres obras protagonizadas por animales. Curiosamente, no fue una elección consciente, sino producto de la casualidad. La primera de ellas fue La llamada de lo salvaje (Jack London), la segunda, Soy un gato (Natsume Soseki) y la tercera, Ánima (Wajdi Mouawad). Entre cada lectura ha habido una separación de meses, pero hoy he decidido hablar de las dos últimas debido a la elección del narrador. Frente a La llamada de lo salvaje, que emplea un narrador omnisciente en tercera persona, Soy un gato y Ánima utilizan el narrador primera persona.

    Me acerqué a Soy un gato gracias a Kafka en la orilla, ya que Murakami mencionaba a Soseki a lo largo de su novela. Me entró curiosidad por leer algo de este novelista, puesto que no conocía nada de él. Un día, en la librería descubrí la edición de Impedimenta y no dudé en comprarme un ejemplar. El protagonista me atrapó desde las primeras líneas:

    Soy un gato, aunque todavía no tengo nombre. No sé dónde nací. Lo primero que recuerdo es que estaba en un lugar umbrío y húmedo, donde me pasaba el día maullando sin parar. Fue en ese oscuro lugar donde por primera vez tuve ocasión de poner mis ojos sobre un espécimen de la raza humana.

    Sentí su descubrimiento en mi piel y, desde ese instante, yo me convertí en el gato sin nombre: observaba a los humanos, les escuchaba, los admiraba, los sufría… Presenciaba su vida cotidiana en el Japón de finales de la dinastía Meiji, donde la armonía entre la tradición y la modernidad pendía de un frágil hilo. Yo, mejor dicho, el gato retrataba, a través de la sátira y de la ironía, la sociedad nipona, cuyo reflejo encarnaba la casa de un maestro:

    Si fuera humano me gustaría ser como él, maestro de escuela. Uno puede dormirse cuando quiere y, aún así, siguen considerándote un buen maestro. Así que no le veo yo el problema a ser maestro y gato a la vez.

    Por tanto, la utilización de un gato como narrador le permite al autor reírse de sí mismo y de los seres humanos en general, así como expresar sus opiniones sobre temas variados, algunos controvertidos en su época: la educación, la apertura del país al exterior, la importación de modas extranjeras, la amistad, las relaciones matrimoniales y el amor, las apariencias, etc.

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    Ánima, en cambio, no es una obra satírica. Su inicio lo constituye el asesinato cruel que padece la esposa de Wahhch, el humano protagonista. Por tanto, podríamos clasificarla como novela policiaca, de suspense; pero, además, se mueve también dentro del western y de la tragedia griega, puesto que Wahhch realiza un viaje fatal por la geografía del norte americano.

    La estructura de la obra es muy original: los animales son los testigos que relatan los hechos que presencian. De esta manera, su naturaleza dirige la interpretación del lector.

    No todos los humanos son trampas, no todos son veneno, quiero decir con esto que no todos son humanos, algunos no han sido infectados por la gangrena.

    No solo asistimos a las acciones llevadas a cabo por las personajes que se encuentran delante de los ojos de los animales, sino que también leemos los pensamientos de estos. Como consecuencia, el coro de narradores nos acerca, de manera inusitada, sorprendente y particular, a cómo perciben el mundo y cómo convivimos todos, como especies, en él.

    Animal entre animales, aún no sufría. El humano es un túnel y todo humano llora su cielo desaparecido. Esto lo sabe el perro y por ello es infinito su afecto por el humano.

    Sin embargo, esta novela esconde otros muchos atractivos: el debate social que sigue existiendo por la presencia de reservas indias en Canadá y en EEUU y la ausencia de una solución justa para esta población; la violencia, implícita y explícita, que emplea el individuo como manera de resolver conflictos, disfrutar, dominar, existir…; la necesidad de una búsqueda irracional, instintiva, que todas las personas hemos sentido en alguna ocasión, por el origen de enigmas que no se resolvieron en la infancia.

    Soy un gato y Ánima representan dos formas diferentes de entregar la narración a la voz de un animal. Son una excelente propuesta para leer al calor de este julio, porque en estas novelas las personas somos el objeto de su visión.

    NOTAS DE LA AUTORA:
    – Las citas de Soy un gato y Ánima proceden de la edición de Impedimenta y de Destino, respectivamente.
    – Las fotografías pertenecen a la portada de los libros: Soy un gatoÁnima. Las he retocado yo.


    Si fuera humano me gustaría ser como él
    (c)
    Olivia Vicente Sánchez

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  • Manolita, una heroína cotidiana

    El pasado 11 de junio asistimos en la Biblioteca del barrio de Santa María de Benquerencia (Toledo) a la presentación del último libro de Almudena Grandes, Las tres bodas de Manolita, con el cual continúa el proyecto galdosiano que iniciara con Inés y la alegría y al que ha denominado Episodios de una guerra interminable.

    2014-06-11 19.04.37_copiaEn esta obra Almudena entrega su voz narrativa a los héroes y heroínas anónimos de la posguerra: “Para estas personas, existir cada día supone una victoria”. Se trata de la historia de la resistencia, no de la derrota, y en ella Manolita aprenderá no solo a subsistir,sino a ser feliz, ya que, en medio de la miseria, la represión, el hambre y la injusticia, necesitará aferrarse a la vida como una forma de supervivencia. En este sentido, Grandes recalcó que le apetecía hablar de los ciudadanos y las ciudadanas que se hallan en segundo plano, aquellas personas cuyos nombres no han pasado a formar parte de la Historia, pero que, sin embargo, constituyen el discreto motor de los cambios.

    Tras la presentación de la novela, la escritora contestó las preguntas del público de manera jovial, amena y comprometida. Los temas, vinculados con los recientes acontecimientos políticos y sociales, le sirvieron para recordar el papel fundamental del pasado en nuestros días. Finalmente, realizó la tradicional firma de libros.

    Cuando hubo terminado el encuentro, yo salí de la Biblioteca con la sensación de presenciar el transcurso de la Historia, de descubrirme en medio de ella, y con la certeza de que la Literatura, una vez más, hace posible la magia de entender un poquito mejor el mundo que nos rodea, puesto que, en palabras de Benito Pérez Galdós, “La historia está en lo que hacen todos y en lo que hace cada uno”.

    NOTAS DE LA AUTORA:
    – La fotografía fue tomada en la Biblioteca del barrio de Santa María de Benquerencia (Toledo), el 11 de junio de 2014.
    – Artículo publicado también en Vecinos de Benquerencia, nº. 281.


    Manolita, una heroína cotidiana
    (c)
    Olivia Vicente Sánchez

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