• El pasado de unos personajes

    La autora escribiendo el artículo.

    Escribiendo el artículo.

    Los pensamientos pueden llegar a ser demonios. Algunos de ellos nos acompañan durante tanto tiempo que forman parte espectral de la personalidad. Los respiramos, los comemos, pocas veces los digerimos.

    Hoy me desperté pensando en las manos de mi abuela, aquellas que sobre la cama dejaba caer por el peso de la ancianidad. Sus manos, entonces y ahora, me recuerdan a las mías, aunque fueran totalmente diferentes. Cuando aún cosía, yo, una niña, me imaginaba que el hilo escribía historias en las telas. Quizás por este motivo crea que poseían ciertas similitudes.

    Cuando compongo historias, siento que dibujo el pasado de unos personajes. Ideo un mundo a mi medida en el que existe la libertad que en esos instantes sueño. Trazo mis fantasmas y con ese hilo les proporciono ligereza, tal vez la misma con la que mi abuela pespunteaba sus demonios.

    Escribir para mí no es una profesión, ni siquiera una vocación. Es una manera de estar en el mundo.
    Ana María Matute

    NOTAS DE LA AUTORA:
    – La fotografía ha sido tomada y procesada el 2 de agosto de 2014.


    El pasado de unos personajes –
    (c) –
    Olivia Vicente Sánchez

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  • La Central de Callao

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    Las vacaciones siempre son positivas, pero lo que más me gusta de ellas es tener tiempo, sin reloj, para hacer todo aquello que me hace feliz. En la lista de quehaceres imprescindibles se halla pasear por librerías.

    El pasado martes, inicié el mes de julio en Madrid. Curiosamente, allí, en la Gran Vía, me encontré con dos antiguas alumnas. Nos miramos extrañadas las tres debido a la casualidad. Luego, continué mi camino por la calle, observando la selva variada de gente que conformábamos la avenida. Yo seguía las orientaciones que me dictaba el GPS, ya que, lamentablemente, soy capaz de perderme hasta dentro de un museo. Finalmente, tras girar en la esquina de una calle, me encontré con La Central, librería a la que una amiga me había aconsejado ir.

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    Desde la fachada me cautivó y, ya dentro, aún más, pues la entrada me recibió como lectora, con sugerencias y con el aroma de la cafetería de la planta baja. A la izquierda, una escalera me invitó a ascender por los diferentes pisos. Con cada peldaño superado, se mostraba el patio interior, en el que unas letras blancas, decorando las paredes, me recordaron mil historias que yo querría haber escrito y, a la vez, me introdujeron en las páginas de obras que abrí, fisgué, palpé. Literatura, Arte, Música, Historia, Pedagogía, Cine, Fotografía, Crítica… De nuevo, otro eterno retorno me contempló: ¡tantas líneas por leer y tan escaso el tiempo! La lamentación duró poco: era el momento de la elección. Me compré tres obras, una porque me llamó especialmente la atención: la biografía de Hokusai en cómic, realizada por Shotaro Ishinomori (EDT).

    La reconstrucción de un edificio, la organización de una librería y los pasos de una aspirante eterna a escritora se juntaron ese martes madrileño. Hoy ya no recuerdo cómo era el cielo, qué temperatura hizo o qué lugares me olvidé de visitar; sin embargo, en la estantería del despacho, otras historias forman ya parte de mi vida.

    NOTAS DE LA AUTORA:
    – Las fotografías son de la librería La Central y del interior de Hokusai, cómic de Ishinomori. Han sido realizadas en julio de 2014.


    La Central de Callao
    (c)
    Olivia Vicente Sánchez

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  • Si fuera humano me gustaría ser como él

    En ocasiones, al mirar a un animal me he visto a mí misma en sus posibles pensamientos; he imaginado que tal vez esté indagando sobre mí lo mismo que yo sobre él. Durante ese juego he creído averiguar el misterio de la naturaleza. Nietzsche encontró mejores palabras para describir esta sensación:

    Creo que los animales ven en el hombre un ser igual a ellos que ha perdido de forma extraordinariamente peligrosa el sano intelecto animal, es decir, que ven en él al animal irracional, al animal que ríe, al animal que llora, al animal infeliz.

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    Durante este curso académico he leído tres obras protagonizadas por animales. Curiosamente, no fue una elección consciente, sino producto de la casualidad. La primera de ellas fue La llamada de lo salvaje (Jack London), la segunda, Soy un gato (Natsume Soseki) y la tercera, Ánima (Wajdi Mouawad). Entre cada lectura ha habido una separación de meses, pero hoy he decidido hablar de las dos últimas debido a la elección del narrador. Frente a La llamada de lo salvaje, que emplea un narrador omnisciente en tercera persona, Soy un gato y Ánima utilizan el narrador primera persona.

    Me acerqué a Soy un gato gracias a Kafka en la orilla, ya que Murakami mencionaba a Soseki a lo largo de su novela. Me entró curiosidad por leer algo de este novelista, puesto que no conocía nada de él. Un día, en la librería descubrí la edición de Impedimenta y no dudé en comprarme un ejemplar. El protagonista me atrapó desde las primeras líneas:

    Soy un gato, aunque todavía no tengo nombre. No sé dónde nací. Lo primero que recuerdo es que estaba en un lugar umbrío y húmedo, donde me pasaba el día maullando sin parar. Fue en ese oscuro lugar donde por primera vez tuve ocasión de poner mis ojos sobre un espécimen de la raza humana.

    Sentí su descubrimiento en mi piel y, desde ese instante, yo me convertí en el gato sin nombre: observaba a los humanos, les escuchaba, los admiraba, los sufría… Presenciaba su vida cotidiana en el Japón de finales de la dinastía Meiji, donde la armonía entre la tradición y la modernidad pendía de un frágil hilo. Yo, mejor dicho, el gato retrataba, a través de la sátira y de la ironía, la sociedad nipona, cuyo reflejo encarnaba la casa de un maestro:

    Si fuera humano me gustaría ser como él, maestro de escuela. Uno puede dormirse cuando quiere y, aún así, siguen considerándote un buen maestro. Así que no le veo yo el problema a ser maestro y gato a la vez.

    Por tanto, la utilización de un gato como narrador le permite al autor reírse de sí mismo y de los seres humanos en general, así como expresar sus opiniones sobre temas variados, algunos controvertidos en su época: la educación, la apertura del país al exterior, la importación de modas extranjeras, la amistad, las relaciones matrimoniales y el amor, las apariencias, etc.

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    Ánima, en cambio, no es una obra satírica. Su inicio lo constituye el asesinato cruel que padece la esposa de Wahhch, el humano protagonista. Por tanto, podríamos clasificarla como novela policiaca, de suspense; pero, además, se mueve también dentro del western y de la tragedia griega, puesto que Wahhch realiza un viaje fatal por la geografía del norte americano.

    La estructura de la obra es muy original: los animales son los testigos que relatan los hechos que presencian. De esta manera, su naturaleza dirige la interpretación del lector.

    No todos los humanos son trampas, no todos son veneno, quiero decir con esto que no todos son humanos, algunos no han sido infectados por la gangrena.

    No solo asistimos a las acciones llevadas a cabo por las personajes que se encuentran delante de los ojos de los animales, sino que también leemos los pensamientos de estos. Como consecuencia, el coro de narradores nos acerca, de manera inusitada, sorprendente y particular, a cómo perciben el mundo y cómo convivimos todos, como especies, en él.

    Animal entre animales, aún no sufría. El humano es un túnel y todo humano llora su cielo desaparecido. Esto lo sabe el perro y por ello es infinito su afecto por el humano.

    Sin embargo, esta novela esconde otros muchos atractivos: el debate social que sigue existiendo por la presencia de reservas indias en Canadá y en EEUU y la ausencia de una solución justa para esta población; la violencia, implícita y explícita, que emplea el individuo como manera de resolver conflictos, disfrutar, dominar, existir…; la necesidad de una búsqueda irracional, instintiva, que todas las personas hemos sentido en alguna ocasión, por el origen de enigmas que no se resolvieron en la infancia.

    Soy un gato y Ánima representan dos formas diferentes de entregar la narración a la voz de un animal. Son una excelente propuesta para leer al calor de este julio, porque en estas novelas las personas somos el objeto de su visión.

    NOTAS DE LA AUTORA:
    – Las citas de Soy un gato y Ánima proceden de la edición de Impedimenta y de Destino, respectivamente.
    – Las fotografías pertenecen a la portada de los libros: Soy un gatoÁnima. Las he retocado yo.


    Si fuera humano me gustaría ser como él
    (c)
    Olivia Vicente Sánchez

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