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Las nubes. Antología desesperada

“Las nubes” es un poema que surgió en una tarde nublada de Zamora. Forma parte de Antología desesperada.

Bajo las nubes, mitad cielo e infierno, entumecidas manos: la neocreación. Cadena gris, rápida, fugaz.

Un pie, una mano, un ojo, una lengua. No habla, no ve, no escribe, no anda. La perfección en serpentinas.

Cerca un avión en descomposición, roto, triángulo, agujeros.

Grifo, águila señorial, escudo.

Tres, cuatro, todos, estiran el pie, las alas, las plumas, en un halo,

hálito, i     n     a     c     a     b     a     b     l     e.

                                                                            Cópula.

                                                                                            Al

                                                                                                    fondo.

Las nubes en el cielo de Zamora.

Cielo nublado fotografiado desde Zamora.


NOTAS DE LA AUTORA:

– Escribí este poema en prosa el 8 de octubre de 2001. Aún me encontraba estudiando la carrera de Filología Hispánica en Salamanca. En aquella época me interesó mucho el Surrealismo. Más tarde, recogí esta composición en la Antología desesperada, editada artesanalmente por mi hermana.

– La fotografía fue disparada con una cámara Canon PowerShot G3 el 27 de diciembre de 2009 en las cercanías del Parque del Castillo (Zamora).

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Bailarina. Él, Aquella, Otro y Pequeño

Él se estaba preguntando qué ocurría porque a su alrededor solamente se encontraba la angustia. Jadeaba paciente sin otra preocupación que la de jadear. ¿Qué sucede? Seguro que se cuestionaba el motivo del revuelo. Se miró una mano que imaginó con un juguete de cartón, de esos con pasado caro; se miró la otra, la derecha, y vio un cigarro, de esos que había abandonado. No sabía que eran dientes de león a capricho del viento.

Él procuró incorporarse al mismo tiempo que una bailarina plateada giraba en su cabeza; una pálida bailarina de cabellos de agua que salpicaban sin terminar de mojarle completamente. Aquella se levantó del suelo, le acarició la mejilla y, con mirada distante, se arrodilló de nuevo. Se le acercó Otro. ¿Qué pasa? Otro le contestó observándole, le acarició la otra mejilla y, con sonrisa burlona, se sentó frente a Él. Pequeño corría por la habitación con un avión de papel que aterrizó en la cama; de repente, se paró y abrió una boca blanca, torció la cabeza y dibujó una mueca en los labios que no expresaba nada; anduvo unos pasos y colocó su cara rozando la de Él; despegó el rostro y regresó a sus correrías.

Bailarina (Baltasar Lobo)

La Bailarina ahora danzaba lentamente como si un fuerte peso la aplastara, mientras Él suspiraba.

Aquella se levantó del suelo y, con mirada distante, se arrodilló de nuevo. Otro se acercó y, con sonrisa burlona, se sentó frente a Él. Pequeño corría por la habitación con un avión de papel arrugado en la mano, que no pudo aterrizar en la cama; de repente se paró, torció su cabeza y regresó a sus correrías.

La Bailarina gris cayó desmayada.

Aquella, Otro y Pequeño salieron del cuarto. Cerraron la puerta. Aquella se había arrodillado, Otro se sentó en una silla frente a Pequeño, que jugaba con un avión recientemente estrenado alrededor de ellos a la par que se preguntaba: ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha ocurrido?


NOTAS DE LA AUTORA:

—Este relato forma parte de la Antología desesperada, un conjunto de textos en prosa y en poesía en los que experimenté diversas tendencias literarias. Mi hermana realizó la edición de manera artesanal.

—La fotografía de Bailarina fue tomada el 27 de agosto de 2009 en Zamora en el Museo de Baltasar Lobo.


Bailarina (Él, Aquella, Otro y Pequeño) –
(c) –
Olivia Vicente Sánchez

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Es tener el alma… Antología desesperada

El Cantábrico en la playa del Tagle.

Es tener el alma, la cabeza azul. Donde la lógica se desmorona, donde nace la duda bajo el sol…

El calor. El alma azulada se niega a evitar el cálido sosiego que mantienen los rojos latidos. Sin embargo, la frialdad congela, acelera la brisa.

Donde el temor es destructivo… Se mueve despacio, semejante a las agujas de un reloj; desplazamiento torpe, pero seguro. Desplazamiento que dibuja, transparente, un vicio. Ese vicio de tormenta que se adueña del alma, de la cabeza; ese vicio azul que huye ahora del contacto cálido del latir.

Es tener dos mitades que odiarán el momento de juntarse. El instante en que el frío y el ardor será vacío.


NOTAS DE LA AUTORA:

– Escribí este poema en prosa en 1994. En ella me influyó la lectura de la obra de Rubén Darío. Posteriormente, reuní esta composición con otras bajo el nombre de Antología desesperada, editado por mi hermana de manera artesanal.

– La fotografía fue tomada el 10 de julio de 2005 en la Playa de Tagle (Suances-Cantabria) con una Canon PowerShot G3.

Es tener el alma… –
(c) –
Olivia Vicente Sánchez

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