Bécquer y Toledo

Comentario

Columna Opinión

Hace un par de meses estuve en un cine viendo la retransmisión que se realizaba desde el Met (Teatro de Ópera Metropolitana de Nueva York) de Los cuentos de Hoffmann. Mientras disfrutaba del espectáculo visual y auditivo de la obra de Jacques Offenbach, me vinieron a la memoria unos versos de Gustavo Adolfo Bécquer: la rima XI. Entre ambas obras existe un paralelismo evidente en tanto que el protagonista de la primera, Hoffmann, busca el amor entre tres modelos de mujer diferentes así como el yo lírico del poema, en un diálogo que refleja la tensión emocional, elige, como depositaria de sus sentimientos, a aquella que constituye en sí misma un imposible, dejando de lado la pasión o el amor idealizado representados por otras dos mujeres.

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El recuerdo de esta poesía me condujo, a su vez, al recuerdo de los paseos por las calles ruinosas o rehabilitadas de la ciudad, ya que, la presencia del autor sevillano es constante no solo por las leyendas que se ubican en Toledo (La ajorca de oro, El Cristo de la Calavera, Tres fechas…), sino por el hecho mismo de que Bécquer vivió aquí, se inspiró en los monumentos para la Historia de los templos de España y regresó a la ciudad cuando necesitaba de refugio y tranquilidad. Por tanto, no es extraño percibir sus huellas a lo largo del empedrado de la Plaza de las Tendillas, de la Calle del Pozo Amargo o de un sinfín de serpenteantes caminos, los cuales se abren y se cierran tras las esquinas. Así, en la noche, se producen los soliloquios que llenan de susurros las paredes de un casco histórico apenas habitado. Cuando esto sucede, creo que soy yo la que acompaño a una fantasmal apariencia.

Este espacio entre el sueño y la vigilia, constante en las obras de Gustavo Adolfo Bécquer, constituye la magia de Toledo. Me pregunto si él la contempló así, con esos ojos, y luego, domando al lenguaje, retuvo la carnalidad de lo inefable mediante la llave del idioma. Quizás obtenga la respuesta a partir de la medianoche, cuando inicie mi camino junto al muro que esconde el laurel que plantó hace más de un siglo. Seguiré el recorrido que marcan sus pisadas…

NOTAS DE LA AUTORA:
– La fotografía fue tomada en Toledo el 20 de mayo de 2011.


Bécquer y Toledo: entre el sueño y la vigilia –
(c) –
Olivia Vicente Sánchez

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