Stoner. Literatura en estado puro

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Análisis Opinión
Piedra

Stoner de John Williams es la novela de la que hablan los amantes de la literatura. Tras décadas de olvido, regresa con fuerza.

En dos meses una librera y un profesor de escritura creativa me lo recomendaron. Nunca había oído hablar de Stoner, un clásico moderno escrito por John Williams. Al llegar a casa, busqué datos en internet y, ¡zas!, Enrique Vila-Matas comentaba en una columna del año 2011 la escasa acogida que tuvo en 1965, año de su publicación, y su éxito posterior tras la reedición en los años 2000. ¡Cómo iba a resistirme a esta novela con estas premisas y además sabiendo que el protagonista es un profesor de literatura! En este análisis desvelo algunas claves de su argumento.

En la primera página se resume el contenido: la vida de William desde su infancia hasta su deceso. ¿Para qué seguir si ya sabemos el final, como en Crónica de una muerte anunciada? ¿Qué sentido tiene? El mismo que cuando vamos a ver una película histórica. El recorrido aguijonea la curiosidad y el estilo lo adereza.

William Stoner procede de una familia de granjeros que se ha dedicado en sangre y sudor al campo. De la tierra ha aprendido la constancia, la paciencia, la resignación. Sin embargo, los padres desean que su hijo prospere y les ayude por lo que lo envían a la universidad para que estudie en la Facultad de Agricultura. Allí entabla amistad con Dave Masters y Gordon Finch. Un día, cuando está en clase de literatura inglesa, el profesor Sloane le hace una pregunta:

El señor Shakespeare le habla a través de trescientos años señor Stoner, ¿le escucha?

Sloane abre al estudiante de campo la inmensidad de los libros en los que encuentra la acogida que nunca tuvo entre sus semejantes; sin embargo, se distancia definitivamente de sus padres, ya que no solo modifica la matrícula en la universidad sino que toma conciencia de lo extraños que le resultan tras esta epifanía —una de las más hermosas acerca de la lectura—, pues la aceptación de sí mismo conlleva la pérdida del yo anterior y el consiguiente sentimiento de culpabilidad por oponerse a los deseos paternos.

En la biblioteca de la universidad se demoraba por los pasillos, entre los miles de libros, inhalando el olor rancio del cuero, la tela y las páginas secas como si fuese un incienso exótico. […] Luego hojeaba el libro, leyendo párrafos aquí y allá, pasando las páginas delicadamente con sus rígidos dedos, como si su torpeza pudiera arrancar y destruir lo que había supuesto tanto esfuerzo descubrir.

[…] Y estaba con ellos [aludiendo a Tristán e Isolda, Paolo y Francesca y otros] de un modo en el que nunca podía estar con sus compañeros que iban de clase en clase, con quienes compartía techo en una gran universidad en Colombia, Misuri, y que caminaban despreocupados al viento del medio oeste.

La universidad es, según Masters, un lugar “para los desposeídos del mundo”. Por eso, cuando se hace profesor de literatura, descubre no solo las limitaciones en el arte de enseñar sino las envidias profesionales, que amenazan su desarrollo profesional e, incluso, sentimental. La institución se corrompe por las aspiraciones de poder. En este sentido, no está sustentada por el conocimiento sino por los intereses personales. Stoner no sabe moverse dentro de esas reglas y será castigado por ello.

Stoner de John Williams

Stoner no tuvo éxito cuando se publicó en 1965. Tuvo que esperar cuatro décadas para su reconocimiento.

Se casa siendo joven con Edith, con la que apenas ha conversado, y entre ellos se desata la incomunicación verbal y corporal. Este fracaso lo recluirá en la facultad y, posteriormente, en su hija Grace. La hija refleja las fases del matrimonio de sus padres: primero se educa al lado de su padre, ignorada por la madre; después es la muñeca de Edith, quien se da cuenta de que, separando a su hija, debilita a su marido; y, finalmente, huye de esa relación tóxica. Trastornos alimenticios, incapacidad de interactuar con otras personas…, Grace es el fruto de sus ascendientes, al igual que William y Edith también aprendieron de pequeños a estar en el mundo en sus hogares familiares.

El fracaso matrimonial y el profesional se unen en una fiesta que realizan en casa y a la que invitan a un nuevo compañero de trabajo. Lomax, altivo en la universidad, confraterniza con Stoner hasta el punto de que este se identifica con él. Las deformidades aíslan a Lomax:

[…] Y cuando habló de los largos días y tardes que pasaba solo en su habitación, leyendo para escapar de las limitaciones que su cuerpo contrahecho le imponía y encontrando gradualmente un sentido de libertad que crecía con mayor intensidad según iba comprendiendo la naturaleza de aquella libertad, cuando contó esto, William Stoner se sintió vinculado a él de una manera que no hubiera sospechado […]

Esta epifanía es interpretada mal por Stoner, como indica el beso que Lomax le da a Edith en el momento de despedirse y que afirma la competitividad que existe entre los dos, aunque no sea buscada por William.

El protagonista, ya maduro, aprende el amor de verdad con Katherine Driscoll, un alumna. Ella le pide que le tutele la tesis. Al principio William no es consciente de sus sentimientos, no los reconoce, no los asume, a pesar de que percibe una fuerza incontrolada que le lleva cada día a casa de Katherine. Cuando se percata de que es amor, se distancia sin éxito. Driscoll define su relación como “Deseo y aprendizaje”, otra de las metáforas más bonitas del libro.

[…] la persona que uno ama al principio no es la persona que uno ama al final, y […] el amor no es un fin sino un proceso a través del cual una persona intenta conocer a otra.

A pesar de la felicidad que experimentan, a pesar del mundo que crean en torno a ellos, no pueden negar que viven en sociedad, que existe otra vida, la oficial, que motiva otra de las renuncias de Stoner. Su resignación no tiene que ver con la religión sino con su carácter, su educación, que está atada a la tierra de la que procede. Se trata de aceptación, por lo que el lector se conmueve: la derrota forma parte de la existencia, una derrota callada, ante la que desearíamos que hubiera una rebelión. Pero es nuestra derrota también, son nuestros errores.

La melancolía que rodea esta obra se basa precisamente en la renuncia, en la pérdida, en las equivocaciones. William es feliz como lo somos todos, a ratos, y falla en sus elecciones. Yerra en el trabajo, en las amistades, en las relaciones sentimentales: “a alguien se le concedió la sabiduría y al cabo de los años encontró ignorancia”.

La muerte es la revelación final. William realiza un balance de su existencia. Todo carece de sentido menos la muerte, que es, a fin de cuentas, la que otorga significado a la vida, como dijera Albert Camus. Los acontecimientos anteriores (infidelidades, luchas de poder, discusiones, propiedades, etc.) carecen de relevancia. Antes de partir, lo único a lo que se aferra es a un libro, su libro.

Stoner es una novela sencilla, sin alardes técnicos, emotiva, perfecta en su trazado y en sus palabras. Es un libro al que cualquier público se puede acercar, pero que, como las grandes obras, satisface a los amantes de la lectura y a los filólogos. Su ritmo es como una música melancólica cuya cadencia resuena en nuestros oídos después de haberla leído. Es literatura en estado puro. Es vida. Es muerte.

No se trataba de una pasión ni de la mente ni de la carne; era más bien una fuerza que comprendía a ambas, como si fuese, más que un asunto de amor, su sustancia específica.


NOTAS DE LA AUTORA

—Las fotografías fueron tomadas el 29 de julio de 2017 con una Nikon D3200 y editadas con el programa ACD See 6 Pro.

—La columna que se menciona es Obra maestra ignorada“, escrita por Enrique Vila-Matas para El País (18 de octubre de 2011).

—Datos de la obra:

WILLIAMS, John. Stoner. Traducción de Antonio Díez Fernández. 5ª edición. Tenerife: Baile del sol, 2016. 240 páginas. ISBN: 978-84-16320-99-8.

2 comentarios

    1. Olivia VicenteOlivia Vicente Comentario de la autora

      Muchas gracias. Ha hecho un gran trabajo con la traducción y somos los lectores en español los que le debemos agradecer su trabajo, ya que nos acerca a autores tan importantes como John Williams.
      Espero que volvamos a coincidir en los libros o en nuestros espacios virtuales.
      Un abrazo.

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