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Yo soy Atilio y estoy muerto

Yo soy Atilio y estoy muerto, aunque, en realidad, fallecí hace ya mucho tiempo, en 1943, cuando apenas había cumplido los doce años. Ese día mi padre me apremiaba subiendo por la calle Feltrino, mientras farfullaba palabras que casi no podía comprender. En ese preciso instante, me reafirmé en una creencia: mi cumpleaños estaba maldito. Esa constatación me liberó del miedo que había sentido al nacer, empapado en la sangre de la mujer que me había dado la vida y a quien yo había matado.

Con cada disparo, me tronaban los oídos y percibía el terror de mi padre, a quien, al ritmo de las balas, le sudaba la mano. La mía se escurría y, justo cuando parecía que se iba a soltar de la suya, mi padre la apretaba con aún más fuerza. “Corri, Atilio, corri”. Pero no corríamos: arrastrábamos los pies, cansados por la humedad que nuestros pulmones habían respirado bajo tierra durante meses y por el peso de las escasas posesiones que habían sobrevivido a los morteros y a nuestro olvido.

Via Feltrino

Via Feltrino (Castel Frentano)

Al pasar junto a la casa de Antonia, mi mirada se clavó en la puerta. Estaba reforzada con tablones dispuestos horizontalmente. Ralenticé el ritmo, por lo que mi padre me tiró del brazo bruscamente. Mis ojos deseaban desligarse del resto del cuerpo, mas no fui capaz de retener nuestro avance. “Corri, Atilio, corri”, salmodiaba. La puerta se alejaba y su compañero, el banco, parecía más solo que el día en el que la pequeña Tonetta y su familia habían escapado del pueblo.

A medida que ascendíamos, nos alejábamos de la campiña. El sol, en su ocaso, se escondía tras las casas, que, poco a poco, se aproximaban unas a otras de modo que casi no se vislumbraban retazos de los pastos. Al llegar al pie de la iglesia, mi padre se paró en seco, miró hacia todas las calles que desembocaban en la plaza e, intentando recomponer el rostro, dijo:

─Non sarai più Atilio. Ora vi sarai un’altra persona.

El viento nos azotaba en la cara, así que nos guarecimos bajo el arco de la puerta. Mi padre miró al cielo, se persignó y murmuró una oración. Yo le miraba: había llegado nuestra hora de huir.

Pasaron varios minutos hasta que llegó un coche. Mi padre se aproximó a la puerta del conductor, quien bajó la ventanilla. Entonces le mostró unos papeles y ambos me miraron a mí, que estaba en la entrada de la iglesia, escuchando disparos, cuya procedencia era desconcertante, ya que el eco impedía localizar la ubicación del combate. El conductor asintió y nos metimos en el coche. Arrodillado en el asiento, contemplé el recorrido del minuto que me despedía del pueblo en el que había nacido y al que hoy, en la muerte, he decidido volver.

La casa de Tonetta está fría. Lejos queda ya mi exilio en España y en Argentina. Aquí, sentado en el banco, parece que todo fue un sueño del Gran Sasso.

NOTAS DE LA AUTORA:

—Este relato fue escrito siguiendo las pautas del I Concurso Historias de la calle del Club de Escritura Fuentetaja.

—La fotografía fue tomada en Via Feltrino (Castel Frentano) el 27 de marzo de 2016 con una Nikon D3200. La original es en color. La he editado usando ACD See Pro 6.

Yo soy Atilio y estoy muerto – (c) – Olivia Vicente Sánchez

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La Central de Callao

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Las vacaciones siempre son positivas, pero lo que más me gusta de ellas es tener tiempo, sin reloj, para hacer todo aquello que me hace feliz. En la lista de quehaceres imprescindibles se halla pasear por librerías.

El pasado martes, inicié el mes de julio en Madrid. Curiosamente, allí, en la Gran Vía, me encontré con dos antiguas alumnas. Nos miramos extrañadas las tres debido a la casualidad. Luego, continué mi camino por la calle, observando la selva variada de gente que conformábamos la avenida. Yo seguía las orientaciones que me dictaba el GPS, ya que, lamentablemente, soy capaz de perderme hasta dentro de un museo. Finalmente, tras girar en la esquina de una calle, me encontré con La Central, librería a la que una amiga me había aconsejado ir.

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Desde la fachada me cautivó y, ya dentro, aún más, pues la entrada me recibió como lectora, con sugerencias y con el aroma de la cafetería de la planta baja. A la izquierda, una escalera me invitó a ascender por los diferentes pisos. Con cada peldaño superado, se mostraba el patio interior, en el que unas letras blancas, decorando las paredes, me recordaron mil historias que yo querría haber escrito y, a la vez, me introdujeron en las páginas de obras que abrí, fisgué, palpé. Literatura, Arte, Música, Historia, Pedagogía, Cine, Fotografía, Crítica… De nuevo, otro eterno retorno me contempló: ¡tantas líneas por leer y tan escaso el tiempo! La lamentación duró poco: era el momento de la elección. Me compré tres obras, una porque me llamó especialmente la atención: la biografía de Hokusai en cómic, realizada por Shotaro Ishinomori (EDT).

La reconstrucción de un edificio, la organización de una librería y los pasos de una aspirante eterna a escritora se juntaron ese martes madrileño. Hoy ya no recuerdo cómo era el cielo, qué temperatura hizo o qué lugares me olvidé de visitar; sin embargo, en la estantería del despacho, otras historias forman ya parte de mi vida.

NOTAS DE LA AUTORA:
– Las fotografías son de la librería La Central y del interior de Hokusai, cómic de Ishinomori. Han sido realizadas en julio de 2014.


La Central de Callao
(c)
Olivia Vicente Sánchez

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La perspectiva extravagante de El Greco

Alguien dijo una vez (o quizás todos lo hemos dicho en determinada ocasión) que el ser humano tiene siempre la necesidad de contar historias y de escucharlas. Tal vez este anhelo responda al deseo de prolongar nuestra vida. Así, de este modo, protagonizamos las experiencias de otras personas mediante la alteridad que nos proporcionan distintos escenarios.

2014-05-26 18.34.21_copiaCuando llegué a Toledo, hace aproximadamente doce años, se grabaron en mi memoria las imágenes de sus calles, de su río en herradura, de sus riscos. Sin embargo, no fueron estos detalles los que acentuaron su belleza sino la presencia latente y silenciosa de las vidas pasadas. Toledo no es una ciudad de leyendas por las numerosas páginas literarias y tradicionales que se han contado; más bien es una ciudad de leyenda por la sugerencia, ya que, cada grieta, cada esquina, cada callejón hablan por sí solos de forma que el lector únicamente tiene que dejarse llevar por su dulce susurro. Me gusta imaginarme que esta fue la misma sensación que percibieron Garcilaso de la Vega, Gustavo Adolfo Bécquer o Pío Baroja.

El Museo de Santa Cruz es para mí un ejemplo: su piel refleja el paso de los siglos. Antes hospital y hoy museo, su contemplación desde la calle ofrece diferentes encuadres, según se observe desde mayor o menor altura. A lo mejor este multiperspectivismo fue el responsable de que la calle fuera bautizada con el nombre de Miguel de Cervantes, quien, además, en forma de estatua, dirige al vacío sus ojos y su imaginación.

2014-05-27 18.23.42_copiaEl pintor Doménikos Theotokópoulos relató el paisaje urbano de la ciudad. Sus historias no usaron palabras sino los trazos de los pinceles. En sus cuadros se me antoja que Toledo parece aún más de leyenda, bajo un cielo de tormenta y una perspectiva caprichosa, extravagante. Por eso, visitar la exposición que el Museo de Santa Cruz atesora supone, por un lado, admirar Toledo desde Toledo mismo y, por otro, proyectar la propia imagen que poseo de la ciudad en los lienzos para que esta, de nuevo, regrese a mí con renovada fuerza.

Desde ayer, esta localidad no me parece la misma. La luz, la serenidad, el trazo valiente de El Greco dibujan los contornos de esta ciudad de leyenda en la que, cámara en mano, sueño que camino. 

NOTAS DE LA AUTORA:
– Las fotografías fueron tomadas en Toledo, el 26 y 27 de mayo respectivamente. La primera es una instantánea del Museo de Santa Cruz; en la segunda la entrada de la exposición se utiliza como marcapáginas de una edición de Don Quijote de la Mancha.


La perspectiva extravagante de El Greco
(c)
Olivia Vicente Sánchez

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El paisaje de las ciudades continúa cambiando

Hay recorridos que vuelven una y otra vez de modo que son obsesiones particulares. Esa insistencia las convierte en características de la personalidad. Al igual que regreso testarudamente a la escritura, tengo por costumbre realizar el mismo recorrido por las ciudades, marcado por la presencia de librerías con las que mantengo un idilio morboso.

Hace pocos días estuve en Zamora y me asaltó un recuerdo. Cuando era adolescente solía caminar, desde la calle Amargura, donde se encuentra la Librería Núñez, hasta el Castillo, mirando escaparates de librerías. No sé si es por cuestión de melancolía o de realidad, pero ahora existen menos librerías que antes. Los efectos de la crisis o de la compra online pueden ser los responsables, pero tal vez existan otras causas menos explícitas: la indiferencia del ciudadano por leer, la falta de tiempo, la presencia de excesivos reclamos vertiginosos…

20091227_0584_copiaSea por un motivo u otro, el paisaje de las ciudades continúa cambiando. Han desaparecido la mayoría de los comercios familiares, que son progresivamente sustituidos por franquicias, grandes almacenes, locales sin personalidad. Un ejemplo de esto lo tenemos en la Plaza Sagasta, en la cual una conocida marca de ropa se ha hecho con el hermoso edificio modernista de las cariátides. Ahora se me antoja desconocido.

Aquí, en Toledo, también me dejo guiar por mi subconsciente. Concretamente, cuando paseo por el barrio, me detengo en el escaparate de La Gavia y miro con timidez el interior. Lo observo así porque, en muchas ocasiones, al pasar por una librería, imagino que soy yo la que espero a un lector, frente al ordenador, buscando en algún catálogo o rodeada por las palabras de alguna obra que está en mis manos. Entonces, de repente, siento la misma incertidumbre que deben de percibir aquellos libreros y libreras que visitan a un oráculo para que les vaticine si Amazon, el libro electrónico, la crisis o la desidia terminarán con sus estanterías.

NOTAS DE LA AUTORA:
– La fotografía fue tomada el 27 de diciembre de 2009 en Zamora.


El paisaje de las ciudades continúa cambiando
(c)
Olivia Vicente Sánchez

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