De qué habla Murakami cuando habla de escribir

Comentario

Análisis Opinión
Cimborrio de la catedral de Zamora

Después de leerme 1Q84 padecí una adicción murakamiana que se tradujo en sumergirme en cada obra suya de la que tenía noticia. De este modo se sucedieron Kafka en la orilla, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Al sur de la frontera, al oeste del sol, Baila, baila, baila, El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, After Dark, Los años de peregrinación del chico sin color… Aún así no estaba contenta. Quise contagiar de mi enfermedad a otras personas y regalé sus libros o los recomendé por doquier.

El martes, paseando por Zamora y huyendo de las aglomeraciones propias de la Semana Santa, fui a mi librería preferida, Miguel Núñez, a ojear las novedades. Nada más entrar, frente a mí, Haruki Murakami me estaba llamando con De qué hablo cuando hablo de escribir. Aunque intenté disimular entre las estanterías, al final, como adicta que soy a su pluma, tuve que llevármelo.

¿Y de qué habla Murakami cuando habla de escribir? Si has leído De qué hablo cuando hablo de correr, te recordará a esta colección de ensayos: sus orígenes como escritor, sus manías, los desencuentros con la crítica, el agradecimiento a sus lectores, etc. Es un compendio de impresiones desde la sinceridad, con un tono íntimo y de complicidad con el lector, alejado del endiosamiento y de la idealización del escritor.

Aunque se puede leer como un recetario, no pretende sentar cátedra. En este sentido, me ha recordado al Zen en el arte de escribir de Ray Bradbury o a El gozo de escribir de Natalie Goldberg. Las personas que queremos ser escritoras, entre las que me incluyo yo, en ocasiones buscamos claves en las experiencias de otros autores. Somos ingenuos, pues sentimos que estamos perdiendo el tiempo, que nuestro sueño es propio de la adolescencia o que nuestro estilo se halla a mil años luz de merecer la pena y, por eso, el decálogo de las personalidades consagradas supone una cuerda a la que agarrarse en el precipicio de la incertidumbre. ¿Quién compraría un libro mío?, nos preguntamos. ¡Ni siquiera nosotros mismos!

Cimborrio de la catedral de Zamora

Cimborrio de la catedral de Zamora

Pero quizás el epicentro no sea llegar a ser escritor sino andar el camino. Hace un año y cuatro meses aproximadamente comencé una novela. Me apunté a un taller con el fin de establecer una disciplina debido a que mi trabajo no me deja tiempo para escribir. Necesitaba un horario y un seguimiento. Posteriormente, por los trazos del azar, como diría Paul Auster, me topé con Ana Morilla Palacios, directora de la editorial Artificios, en la presentación de un libro. Yo estaba entre el público y, cuando regresé a casa, estuve girando en torno a la misma idea: “¿Contactar o no contactar? Esa es la cuestión”. ¡Qué podía perder! El curso de escritura se me antojaba limitado. Quería una atención centrada en el texto, en mi texto. Finalmente, con solo una llamada telefónica supe que podría aprender mucho de sus correcciones.

Ese fue el camino con breves pinceladas de mi novela. Lo que suceda con ella es difícil de saber. Quizás se quede en un cajón. En un recuerdo. Pero comprendo cuando Murakami dice que él solo puede escribir porque es lo que desea, porque esas historias que se agolpan en su cabeza se completan en el papel y con ellas se comprende a sí mismo, aunque no sean relatos autobiográficos.

Me doy cuenta de que la entrada puede ser leída como una justificación por mi ausencia en este blog. Tal vez sea así. Robé tiempo de descanso para mi meta. Los demás textos quedaron relegados a la espera de retomarlos y ahora los registro en una lista de personajes y situaciones que se armonizarán posteriormente. Citando a Murakami:

A primera vista pueden parecer insignificantes, pero en buenas manos pueden producir cosas excepcionales. Aun a riesgo de repetirme, vuelvo a decir que para mí lo más importante es no perder nunca la sana ambición de lograrlo. Esa es la clave.

He decidido, como él, sembrar esa clave, retorcerla, darle la vuelta y volver a empezar. En el otro lado de la página, donde posará los ojos el lector, le quedará juzgar si ha merecido la pena.

NOTA DE LA AUTORA:

—La fotografía fue tomada en Zamora el día 27 de agosto de 2009 con una Canon PowerShot G3.

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